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C. EL LIDERAZGO CLÁSICO SEGÚN PLUTARCO: LA ALTERNATIVA ÉTICA EN LA ERA DE MAQUIAVELO

09/07/2026

Por: Jorge TORRES – https://www.linkedin.com/in/jorgehernantorres/

Leer en Ágora Industrial: https://agoraacii.blogspot.com/2026/06/el-liderazgo-clasico-segun-plutarco-la.html: C. EL LIDERAZGO CLÁSICO SEGÚN PLUTARCO: LA ALTERNATIVA ÉTICA EN LA ERA DE MAQUIAVELO

Hace unos meses, husmeando como un auténtico ratón de biblioteca, di con un antiguo volumen de Plutarco —el célebre historiador y filósofo griego (Queronea, c. 46 o 50 – Delfos, c. 120)— titulado How to be a leader, Cómo ser un líder. Sin titubear, lo adquirí de inmediato. Se trata de una edición moderna cuyo nombre original es Moralia, y reúne ensayos tan provocadores como «A un gobernante inculto», «Preceptos políticos» y «¿Debe un anciano intervenir en política?».

Devoré sus páginas sin reparos, pues siempre he sostenido que el arte de gobernar no debería cimentarse en los fríos y maquinales preceptos de El Príncipe de Maquiavelo, sino en una alternativa de raíz ética. Fue oportuno el instante de tropezar con esta obra fundamental, ya que resulta urgente recuperar las enseñanzas morales de Plutarco, quien desde la antigüedad nos ofrece ejemplos de dirigentes griegos e incluso —para mi propia sorpresa— del mismísimo Imperio Romano. Durante siglos, la toma de decisiones en las altas esferas del poder, así como en numerosas organizaciones, ha estado profundamente marcada por Nicolás Maquiavelo. En El Príncipe, el florentino consolidó una narrativa pragmática y despiadada: el fin justifica los medios, la política y la moral transitan por sendas distintas, y conviene más ser temido que querido. Aunque esta concepción de la realpolitik ha resultado útil para la supervivencia táctica a corto plazo, el escenario contemporáneo de la gobernanza pública y la gestión en ingeniería reclama un giro radical de paradigma. En nuestros días, la sostenibilidad institucional y la complejidad técnica no admiten administrarse desde la manipulación. ¿Conservarán vigencia las ideas del viejo Plutarco para reivindicar estas lecciones en la alta dirección empresarial y en los gobiernos de hoy?

Libro Cómo ser un líder – Foto por Jorge TORRES

En el ámbito de la gerencia en ingeniería, las prácticas maquiavélicas resultan no solo obsoletas, sino peligrosas. La ingeniería moderna no se basa en el esfuerzo aislado, sino en la alta colaboración, la innovación abierta y la gestión de sistemas complejos donde el error humano puede costar accidentes, millonarias pérdidas materiales o en el peor de los casos vidas humanas. Un gerente de ingeniería que adopte una postura maquiavélica —ocultando información para mantener cuotas de poder, dividiendo a los equipos de desarrollo o fingiendo competencias técnicas que no posee— destruye el pilar fundamental del alto rendimiento: la confianza psicológica en la organización. El lider debe ser guiado por la Diosa Griega Athena, osea por la sabiduría.

Plutarco argumentaba que el verdadero liderazgo es una extensión directa del carácter moral y del autogobierno. Para el filósofo clásico, un líder debe ser capaz de gobernarse a sí mismo antes de guiar a otros. Trasladado a la gerencia técnica, el autogobierno plutarquiano se traduce en la templanza para escuchar el criterio de los expertos, admitir las limitaciones propias y priorizar la seguridad y calidad del proyecto por encima del ego personal. El líder plutarquiano no recurre a la arrogancia o a los gritos para fingir autoridad, una conducta que Plutarco comparaba con la de los «escultores inexpertos» que deforman sus estatuas para hacerlas parecer imponentes. En su lugar, el gerente de ingeniería inspira a través de una conducta impecable y una comunicación transparente, garantizando que los canales de auditoría y los reportes de fallas críticas fluyan sin el temor a represalias políticas internas. Algo similar como se maneja la actual gestión de proyectos y como se enfocan las escueles de gestión actuales que tratan de usar mas el estilo ontológico de Plutarco que a los tradicionales consejos superficiales de Maquiavelo.

Busto de Plutarco en Queronea – Grecia – Foto de internet

Por otro lado, la gobernabilidad pública enfrenta una crisis de legitimidad global debido, en gran medida, al abuso de las doctrinas del engaño y la apariencia heredadas del Renacimiento. Maquiavelo afirmaba que un gobernante no necesita ser virtuoso, sino únicamente aparentar serlo, puesto que la masa juzga por la superficie. Sin embargo, en la era de la información y la hiperconectividad, las fachadas políticas se desmoronan con rapidez. La simulación erosiona el tejido social y desconecta a las instituciones de las necesidades ciudadanas.

Cuadro Comparativo: Plutarco vs. Maquiavelo

Frente a esto, Plutarco nos recuerda que el líder político vive «bajo el microscopio». No existe separación entre la vida pública y la privada cuando se trata de la confianza del pueblo. La gobernabilidad pública basada en preceptos plutarquianos asume el poder no como un privilegio para saciar la vanidad o la gloria personal, sino como una carga de servicio orientada por la razón y orientada hacia el bien común. Mientras que Maquiavelo promueve el uso instrumental del miedo para mantener el orden, Plutarco demuestra que el miedo es un mecanismo alienante y efímero.

La verdadera estabilidad estatal nace del respeto mutuo y la elocuencia persuasiva, donde el gobernante utiliza la retórica racional para educar y movilizar constructivamente a la ciudadanía, en lugar de apelar a sus pasiones más bajas o polarizarlas para su propio beneficio. Muy diferente a nuestra sociedad actual donde el respeto esta perdido entre las naciones con insultos y propuestas políticas bárbaras inhumanas y los pueblos polarizados según los intereses de algunas élites minoritarias a su antojo.

La confluencia entre la gerencia técnica y la gobernabilidad pública es cada vez mayor; los megaproyectos de infraestructura, las transiciones energéticas y la regulación de la inteligencia artificial requieren líderes que dominen tanto la técnica como la ética, de hecho uno de los patriarcas de la inteligencia artificial el profesor de la Universidad de Montreal, Yoshua Bengio aboga por una IA ética y responsable en sus aplicaciones. Seguir el manual de El Príncipe en lugar de las lecciones de Plutarco se conduce a la corrupción de los datos, el encubrimiento de fallas estructurales y el colapso de las políticas públicas o empresariales, lo que genera un pandemonium social que tiende a autoextinguirse por la barbarie.

Abandonar a Maquiavelo para abrazar a Plutarco no constituye un gesto de idealismo cándido, sino una exigencia rigurosamente práctica y pragmática para el siglo XXI, ya ensayada, por lo demás, en la antigüedad. La historia ha evidenciado que los dirigentes que cimientan su gestión en la manipulación y la coacción terminan, tarde o temprano, consumidos por las mismas fuerzas destructivas que ellos sembraron. La perdurabilidad de las organizaciones tecnológicas en la ingeniería, así como de las estructuras democráticas, descansa en líderes de carácter moral maduro, dotados de una mirada humana capaz de enaltecer a quienes habitamos transitoriamente este planeta.

A fin de cuentas, la mayor enseñanza plutarquiana resulta categórica: el liderazgo no reside en dominar un sofisticado repertorio de técnicas de control externo y apariencias, sino en el perfeccionamiento incesante de la propia moral y ética humana, en armonía con las competencias técnicas. Solo así se forjarán sociedades íntegras, tal como sucedió en la Edad de Oro humanística de Grecia, con algunos vestigios que, sorprendentemente, también se reflejaron en ciertos gobernantes de Roma. En suma, la obra de Plutarco merece mayor difusión en las aulas de alta dirección y de gobierno, mientras que El Príncipe de Maquiavelo debería estudiarse como el contraejemplo de lo que no es un buen mandatario o, mejor aún, como aquello que el viejo filósofo invitaba a evitar: «un líder sin educación», tal como parece ser la actual tendencia en el mundo.

“La dicotomía política”, arte hecho por Jorge TORRES en Nanobanana2

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